Mientras escribo con mis manos los más tristes sonetos
Y mi corazón enquista odios y rencores, por la maldición de tu amor,
Tú albergas en tus brazos ilusiones nuevas
Que te brindan lo que un vagabundo soñador nunca podría.
Malditos son tus labios que tienen en si el veneno de las más peligrosas serpientes,
O malditas tus manos como puñales enemigos,
Que mientras besas y acaricias, matas como un cáncer,
Que mientras seduces con tu belleza,
Condenas al abismo las almas que te velan.
Para que la luna y las estrellas, si tu alma es oscura como la noche,
Como ser tan bella y no tener espinas, igual que las rosas son tus brazos,
Hieres los corazones que intentan darte amor sincero.
Una maldición fue el día que cruzamos nuestras vidas,
Tal como fueron malditas tus palabras embusteras, o tus caricias sin deseo,
Malditos son tus ojos que enceguecen los caminos
Y malditos tus cabellos que se enredan entre las sabanas.
A donde se fueron los eternos paisajes que admirábamos con gusto
Y en que cajón escondiste los bonitos recuerdos que te unían a mí,
¿Para que decías amar, si el odio carcomía tu vientre?
Malditas son las horas que pasamos juntos,
Porque con ellas condené los mejores momentos.
Maldito el deseo que me dejó sin fuerza
Y obligó a enterrar mis mejores recuerdos.
Malditos tus mejores momentos, que desertaron mis ideas.
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