Lúgubre y esplendorosa luz sobresale de entre las cortinas,
Olor a rosas invade mi alma, aunque con prisa inicia la penumbra.
Sobre el lecho de mi cama una hoja seca se desgonza
Y sin piedad me anuncia solo eso, llego el final.
Final de vida que tan poco provechosa fue para mí,
Final de aquellas rosas que no me detuve a oler,
Final de aquellos paisajes que simplemente jamás visitaré;
De aquellos lagos en los que nunca nadé,
Aquella mujer que no besé,
Esa moneda que no robé
Aquel manjar que no me atreví a probar
Aquel cuarto de hotel que no permití desnudar.
De un amor que no quiso llegar,
De una pasión sin desbordar,
De una flor que logrará despuntar.
Preguntas quedan por hacer.
Mis hijos, mi casa, ¿volveré a nacer?
Solo respuestas tiene tu pretenciosa sombra
Tan fruncida y alarmante, cínica e impaciente.
Única en el mundo con alma de equidad,
Dama de la noche que solo quiero implorar
Piedad de mi vivir, para que entre el sueño eterno pueda descansar.
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